De vuelta a casa, con un sentimiento de esos que hasta tienen sabor, y este concretamente es agridulce.
Esas cosas que a veces nos pasan verdad, algo que queremos cambiar, aunque no nos gustaría perder lo que tenemos. Solo muy pocas veces se consigue, por tanto, mejor aprender a soltar sin dolor, disfrutando del camino hacia adelante.
Hay que soltar, para volver a llenar las manos de todo lo bueno que la vida nos ofrece, y dejar que se escurra entre los dedos lo que no nos guste.
Hasta pronto.
Sagrario.

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