Un día de estos, andando sola
por una carretera en medio de la noche, se filtro por alguna grieta de mis
temores, el miedo a que me pudiera pasar algo, que alguien me atacara sin poder
defenderme. Andaba creciendo mi inquietud, cuando empecé a escuchar el ruido de
un vehículo que andaba lento tras de mi. Difícil relatar mi inquietud, quise
distraerme pensando en lo a gusto que me había sentido cenando con una amiga
muy querida, acompañándola en difíciles circunstancias, también en lo poco que
me quedaba para llegar a mi destino, aunque nada me apartaba de aquel sonido, así
que decidí darme la vuelta y enfrentarme a él ……. Jamás pensé que podría
alegrarme tanto al ver el camión de la basura.
Hace dos días ante el atentado
de Mánchester, me volví a plantear lo absurdo de algunos miedos, ya que en
estos tiempos, estaría mucho más justificado sentirlos en las aglomeraciones,
lo que parece que favorece a esas mentes enfermas y enfermadas por ideologías
radicales y fanáticas.
En cualquier caso unos miedos
se pueden remediar con tener más precaución, y a los otros no hay que
permitirles entrar en la mente, ya que sería darles fuerza y valor a esos actos
terroristas, y hacerles conseguir sus horribles propósitos, acobardarnos y
condicionarnos la vida.
Y a la vez que cerramos la
puerta a los miedos, podemos echar otra vuelta más de llave para que no entre
bajo ningún concepto el odio o el rencor, ni siquiera ese daño (que nos
afectaría mucho más personalmente,que a los que maquinan dichas atrocidades) se merecen.
Sigamos caminando de la mano de la compasión y el perdón, que seguro que nos hacen más fácil el trayecto.
Hasta pronto.
Sagrario.


