Y llegaste de nuevo querido frío, invitándonos al recogimiento, a los pensamientos profundos, a las tertulias frente al fuego, al acurrucarnos y abrazarnos bajo las mantas.
Lo hiciste quizás demasiado rápido, quitándole el protagonismo al calor de un plumazo, él que parecía no querer irse, que se quedaba a vivir para siempre dándonos la sensación de que el tiempo de salir al sol y disfrutar del calor, iba a ser eterno.
Y como siempre la vida sigue ahí, sorprendiendo y enseñando que es dueña y señora, que nos invita a bailar con ella (aunque con tirantes o con abrigo al día siguiente),al ritmo que considere adecuado en cada momento, y haciéndonos conscientes de que nuestra misión es aprender a movernos en cada clima y con todos los estilos, de la mejor forma posible, porque hasta que no lo conseguimos, las pruebas se repiten y se repiten.
Hay que ensayar en cada situación y quizás mejor prevenirla, para poder estar preparados a danzar sin miedo, a saber que igual al primer compás perdemos el paso, pero con seguridad, en lugar de frustrarnos, podemos ser capaces de ajustarlo de nuevo y seguir bailando.
Aprovechemos ahora que apetece más la quietud que en verano, para prepararnos, ajustarnos, asegurarnos y disfrutarnos. Todo tiempo es bueno para vivir, y sobretodo para disfrutar de hacerlo.
Hasta pronto.

No hay comentarios:
Publicar un comentario