Y si las celebraciones son importantes, si van acompañadas de sorpresa, su intensidad aumenta y gratifica.
Nos salió redondo, pudimos organizar y sorprender sin ser descubiertas, y la alegría fue emocionante y contagiosa.
Con broche de oro, la llegada de Edgar justo a tiempo, algo que las cumpleañeras ignoraban por completo.
Un día memorable y feliz, como final de dos aniversarios que lo merecían con creces.
Hay que aprovechar y disfrutar de lo bueno siempre. La vida ofrece esas oportunidades que no hay que desperdiciar para no tener que arrepentirse.
Hasta pronto.
Sagrario.

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